30 dic. 2012

Indemnizan con más de un millón de euros a un diseñador cántabro

Ha ocurrido un caso de propiedad industrial en los últimos días a raíz de la reclamación de Paco Entrega, diseñador, por su banco de espera Sardi, el cual ha sido utilizado desde 2004 sin su consentimiento por Imat con el nombre de Master.


El Juzgado de lo Mercantil número 1 de Bilbao (España) ha estimado la demanda del importante diseñador cántabro Paco Entrena contra la empresa Imat, especialista en mobiliario de interior, a la que reclamó la titularidad del modelo industrial de un banco que el diseñador creó en 1994 y que actualmente está siendo utilizado en 150 aeropuertos de todo el mundo, así como en otros edificios de gran envergadura.


La indemnización a abonar por la empresa alavesa es de 1.119.527,78 euros, por derechos que le corresponden a Entrena entre los años 2004 y 2010. Además, se ha reconocido también el derecho del creador a cobrar a partir de ahora el 7% de las ventas que realice Imat de un banco que registró como modelo Master, haciendo cambios insustanciales al original firmado por Entrena que se llamaba Sardi, como su perro, y que cualquier viajero encuentra en los principales aeropuertos del mundo.


La resolución acredita que el demandante fue el autor del diseño industrial registrado por Imat y comercializado con el nombre de bancada Sardi, una modificación posterior derivó en el modelo Master, después de que el propio impulsor del proceso judicial cediera a la empresa sus derechos de fabricación y comercialización, no de imagen, a cambio de un 7% de la facturación.


El juez ha entendido que cuando la firma vitoriana "solicitó y obtuvo el registro del modelo industrial" para esos asientos, cambiando su nombre, "sabía que el autor del diseño" era el demandante, pero «tramitó la solicitud sin conocimiento» ni consentimiento de Paco Entrena y, por lo tanto, "el registro lo obtuvo de mala fe", dice el magistrado. Por ello, en su sentencia, condena a la empresa a devolver al demandante el registro de su diseño industrial y a abonarle el porcentaje que acordaron por la facturación del sistema de bancada Sardi-Master «o cualquiera de sus derivados», que se hayan fabricado posteriormente sobre ese diseño inicial.

De todas las peticiones que hizo Entrena al juez, la única que no ha atendido es aceptar que el diseño fuera catalogado como obra de arte amparada por la Ley de Propiedad Intelectual, por la que Entrena pedía otros 90.000 euros. Según establece la sentencia, "el diseño industrial creado por el demandante no tiene la originalidad creativa suficiente para ser considerado una obra de arte" y poder exigir que permanezca inalterable.


El inicio que da lugar a esta sentencia se sitúa en el año 1994 cuando Paco Entrena diseña esta bancada, a la que llama Sardi, y entra en negociaciones con la empresa vitoriana Imat para que la fabrique y comercialice. «Después de varias entrevistas, explica Entrena, llegamos a un acuerdo, sin mediar papeles ni firmas, porque hablábamos entre amigos, de que yo cedería el diseño a cambio de que me pagaran el 7% de los bancos que vendieran por tiempo ilimitado». El pacto se alcanzó en un restaurante de Santander.


Desde 1994 hasta 2004 estuvo recibiendo con puntualidad las cantidades que se facturaban por la venta de este banco. A partir de esa fecha dejó de percibir el dinero, pensó que el diseño ya había sido amortizado y que después de diez años ya lo habrían quitado de catálogo. No hizo nada por saber más del asunto creyendo que todo acabó ahí. Pero no había sido así. La empresa había procedido a hacer pequeños cambios en el modelo Sardi y lo había convertido en el modelo Master, registrándolo a su nombre.

La casualidad hizo que se descubriera el asunto. "Cuando se hizo la licitación para el proyecto de restauración de Comillas, nuestra empresa acudió". Al hacer la memoria, explica el diseñador, su yerno redactó el informe de méritos e incluyó en él la exitosa bancada Sardi. "Fue entonces cuando nos dimos cuenta de que no sólo se había seguido vendiendo, sino que en vez de en 30 aeropuertos, como nos habían dicho, estaba instalada en, al menos, 150 de todo el mundo, además de en hospitales y grandes recintos". También detectaron que se había retocado el diseño original. La única diferencia es que en el Master habían incorporado dos brazos y distinto pie.


Por este motivo Entrena, además del 7% de las ventas que ingresó entre 1994 y 2004, deberá ahora ser indemnizado con 1,1 millones de euros, estimación de lo que tenía que haber recibido entre 2004 y 2010. No sólo esto sino que podrá seguir cobrando ese porcentaje de las ventas futuras, incluso del modelo Master que fue registrado por Imat posteriormente, según reza la sentencia.


Este es un claro ejemplo de que hay que revisar constantemente el uso que se le dan a nuestras creaciones en el mercado, teniendo especial precaución con la malicia de muchas empresas que buscan el beneficio propio a toda costa.

Más información en Imat.

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